domingo, 8 de julio de 2012

La risa dominguera: A martillazos

—¡POR EL PODER DEL MARTILLO DE THOR... 
—Señoría, que se me viene arriba. 
—Vale. Toc, toc. Se levanta la sesión.

lunes, 2 de julio de 2012

El riconsico de Neus


¡Ay, señor! ¿Cómo he podido acabar así? ¿Magullado, arrugado, sucio e impresentable? ¡¿Yo?! ¡Un billete de los grandes, color violeta, tamaño XXL, limpio, liso y respetable! ¿Cómo puede encontrarse un billete de mi categoría con una situación tan poco formal? ¡Qué poco respeto e importancia se ha dado hacia mi persona!”

“¿Con quién estoy hablando? Estoy arrugado y doblado y no veo nada a mi alrededor. Todo está muy oscuro. ¿Me estaré volviendo loco? Dicen que si hablas solo y te contestas, estás loco. ¡Entonces estoy loco! ¡Bah! Qué más da... ¿A quién le importará que un billete de quinientos arrugado se haya vuelto loco? ¡Joder! ¡Qué soy un billete de quinientos, no uno de cinco, o incluso de cincuenta! ¡Soy un billete de quinientos! ¡Arrugado! ¿Quién te va a querer? Y encima estás loco… Es que si almenos alguien me contestará… ¿Yuuuuuuuuuuuuhuuuuuuuuuuu? ¿Alguien me escucha? ¡Coñe, que soy un Bin Laden! ¡Uno de esos que cuando los ves en la calle crees que es de mentira! Estoy perdido… ¡Ya lo entiendo! ¡Esto es una conspiración contra los billetes de quinientos! ¡Nos quieren hacer desaparecer! Pero ¿Por qué? ¡Claro! Quieren que esos pobrecillos pringaos curren para conseguirnos a los de mi especie, pero como a los peces gordos no les interesa… ¡Nos quieren hacer desaparecer! ¡El Apocalipsis! ¡El fin del mundo! ¡El momento de la reencarnación!... Pero… ¿Por qué hacernos desaparecer de esa manera? Sacarme de mi cómoda bolsita, arrugándome y agarrándome con esa brutalidad… Hay que ver que modales… Y encima meterme después aquí dentro ¡y vete tú a saber que ha habido aquí! Después se han oído chillidos, una alarma, un par de meneos y sacudidas desagradables, un golpe sordo, silencio y de tanto en tanto sonido de neumáticos y sirenas de policía.”

“Qué horror, me siento sucio. Aishh ¿Cómo debe estar mi bandita plateada? Mi bandita linda… Seguro que arrugada y sucia perdida. Me gustaría verla, pero como todo está oscuro va a ser que no… Me estoy poniendo melancólico… sniff sniff… Que triste final… ¿¡Y si me suicido!? ¡Buena idea! Sería morir con orgullo. Pero… ¿Cómo se suicida un billete de quinientos? 

viernes, 29 de junio de 2012

No es lo mismo

Hay personas que se parecen, que incluso son dos gotas de agua. Más de una película de acción (todas bastante previsibles) tiene alguna hermana gemela. Existen partidos políticos que, por mucho que intenten distanciarse de su rival, son el mismo perro con diferente collar. Pues bien, lo mismo pasa con las palabras.

Éste es el caso del término peaje. Estoy más que convencido de que alguien ahora se preguntará: “But Jose Mari; ¿a qué otra palabra se parece peaje?” ¡¡¡Shut up, little clever (listillo)!!! ¡Deja que te estampe mi explicación en la cara antes de querrer desmentir mi verdad absoluta!

Yo iba caminando tranquila y desinteresadamente por los corredores de mi universidad. La calma estaba presente y yo, divagando sobre cosas isoterias en las nubes junto con dos amigos, me encontraba la mar de a gusto alienado de las cosas superfluas del mundo mortal. Surgido de la nada, como pinguino en smoking, se planta delante nuestra un hombre de lo más extravagante:

Así luce un peajeador.
Andaros con ojete si véis uno
-Buenos días tengan ustedes. Soy el peajeador y vengo a peajearos por el cobro que dicta la ley debéis pagar por el hecho de circular por los pasillos universitarios.

-Buenos momentos temporales tenga usted, -respondo, manteniéndome firme en mi cabezonería de que esta, y ninguna otra, es la mejor forma de no equivocarse de saludo a causa de la falta de normas acerca de qué protocolo seguir en cada etapa del día- en qué podemos ayudar a su señoría?

-Ya se lo he dicho, -insiste, caperrudo, el desagradable peajeador- deben pagarme si desean seguir circulando.

Es entonces que salta mi amigo, el señor haba de campo (así es como le llamamos), y responde con su característico accento de patata en boca:

-¡Cojón! Te pareix normal que compareguis tu, collons de porc , i mos diguis que hem d'amollar es dineros? (tr: No sé si difiero mínimamente en la necesidad de contribuir a este pequeño impuesto.)
-Mi palabra es ley y la ley se debe cumplir. Pagad o desalojad. Llevo un día muy largo peajeando, y no voy a tolerar que unos mozos insolentes como vosotros me amarguen ni por un momento temporal (nota del autor: toma, toma, ¡se le ha quedado!). 

No pudiendo permanecer callado salta mi otro apañero y amigo:

-Estos -dice, mientras desplaza su mano lentamente por delante de la cara del peajeador- no son los peajantes que buscas...
-Míralo, este ha visto mucho Star Wars y se cree un Jeti...
-Se dice Jedi, ¡escoria intergaláctica! -responde mientras lanza un sopapo al aire, indignado.
-Jeti, Jedi o Heidi. Poco me importa, vosotros lo que debéis hacer es pagar. Cuando un peajeador peajea, el peajante debe peajear.

Hartos de tanta peajerría decidimos apoquinar los pocos leuros que nos pide. Empezamos a andar de nuevo, sin destino alguno, cuando nos dice:

-Chicos, andad con el ojete. En cualquier momento volveré a peajearos...

Y es así, queridos seguidores de mis desvarios, como quiero dejar patente que las palabras se parecen a veces, ¡y mucho! Porque, ¿quién no ha pensado durante la lectura de este texto que el mote peajeador se parece al de pajeador? ¿Peajear no puede confundirse con pajear? ¡Ay, la lengua! Siempre tan complicada de dominar, pero de buena ayuda es para peajear...

miércoles, 27 de junio de 2012

Music Wednesday: Dire Straits (Sultans of Swing)

Un miércoles más significa una canción más. Una canción ideal para coger carretera mientras el sol calienta y el viento peina tu cabellera a través de las ventanillas.


martes, 26 de junio de 2012

Un toque femenino

Buenos momentos temporales, compañeros.

Sé que muchos de vosotros os preguntaréis que qué hago yo publicando una entrada en martes. ¿Me habrá sentado mal la grasa de foca que tomo para desayunar como buen vikingo? ¡No! Lo que ocurre, queridos, es que en breve añadiremos una nueva sección al blog. Pasaremos de tener publicaciones solamente los miércoles, viernes y domingos; a tener también otra más el lunes. Dicha sección aportará un nuevo soplo de aire fresco, pues será administrado y redactado por una bella dama, fruto de una de mis correrías vikingas por tierras Hispanas.

Esperamos que sepáis apreciar su talento natural para con la escritura. A mi, fiero escandinabo, realmente me ha cautivado su belleza narrativa. Espero que os ocurra lo mismo.

Skâl!!

domingo, 24 de junio de 2012

La risa dominguera: tres cafés


Un bonito día, un hombre entra en un bar y se acerca lentamente hasta la barra:

–Buenos días, –le dice al camarero– póngame tres cafés: uno para mi, otro para ti y otro más para tu puta madre.

El camarero, perplejo ante lo que acaba de escuchar, le sirve los cafés pensando que habrá sufrido alucinaciones. Al día siguiente el hombre vuelve:

–Buenos días, –le dice el hombre al camarero– póngame tres cafés: uno para mi, otro para ti y uno para tu puta madre.

El camarero, esta vez seguro de lo que ha escuchado, se mosquea con el hombre pero decide no hacer nada y se los sirve. Quizás no vuelva a ocurrir. El próximo día:

–Buenos días, póngame tres cafés: uno para mi, otro para ti y uno para tu puta madre.

Al camarero le suben ya los colores, pero decide no explotar y le sirve los cafés. Al día siguiente el hombre vuelve de nuevo:

–Buenos días, póngame tres cafés: uno para mi, otro para ti y uno para tu puta madre.

Ya harto, el camarero salta por encima de la barra, coge al hombre del cuello y le da una paliza increíble. Pasadas unas semanas, el hombre vuelve al bar con el brazo escayolado y todavía medio convaleciente:

–Buenos días, –le dice al camarero mirándolo con suspicacia– póngame dos cafés: uno para mi y otro para tu puta madre, ¡que a ti te sienta muy mal!